viernes, 30 de julio de 2010

"What if you watch a film and whenever you pause it, you face a painting?"

Comenzando período de alimentación.
¿Por qué será que todo lo que encuentro valiosamente artístico para mí viene de personas extranjero?
¿Por qué será que estoy obsesionado con irme de España?

Khoda from Reza Dolatabadi on Vimeo.

lunes, 26 de julio de 2010

Un pueblo que piensa es un pueblo peligroso.

Llevo 7 entradas en este blog y ya estoy traicionando mi declaración de intenciones de apertura. En mi mente sigue el cuestionamiento y la autocensura, sigo con esta puta mirada práctica que no me deja vivir tranquilo y hace que me olvide de mí mismo, de mis ideas, mis sueños y mi esencia.

Después de un casi un año de amargamiento y sequedad interior el sábado pasado pasé una agradable y tranquila noche en la azotea de mi edificio, mirando el cielo destrellado de la ciudad, bebiendo y hablando del mundo, de dios, de la educación y la sociedad. Algo de lo que no disfrutaba desde hacía muuucho tiempo.

Cuando era pequeño no paraba de hablar. Hablaba hablaba y hablaba y a veces me olvidaba de respirar. Lo comentaba todo, cualquier detalle por pequeño que fuese era digno de ser expresado verbalmente. Le daba importancia a las cosas más insignificantes y asi la vida era mucho más interesante. Al hablar era apasionado en mi discurso y me entusiasmaba cuando alguien me daba el regalo de la discusión porque ponía en marcha mi cerebro y me permitía desarrollar mis ideas, comenzar procesos mentales de razocinio que me constitúan como persona y me elaboraban una opinión firme. Me encantaba hablar, me encantaba discutir y aunque me alteraba, gritaba y saltaba de mi silla de indignación disfrutaba como con nada en este mundo de una buena discusión política porque por una parte me permitía conocer los argumentos y procesos metales de las personas que tenía delante y hacía que me sintiese vivo e inteligente ,y por otro lado me imaginaba en un café del París del 68 intentando arreglar el mundo cuando los jóvenes todavía tenían inquitudes y no se habían dejado lobotomizar por el sistema.

Me encantaba hablar y discutir (en el buen sentido de la palabra) y siempre encontraba a alguien a quien también le encantaba hablar y discutir y los dos nos ensalzábamos en una maraña de palabras, ideas y utopías y yo me emocionaba y mi mente trabajaba y algo dentro de mí se removía y la esperanza se mantenía y yo me sentía vivo.

Pero siempre saltaba una voz, la voz de la imbecilidad, la voz de la resignación y la apatía, la voz que sirve de instrumento al sitema cuya misión es interrumpir cualquier debate mínimamente interesante y mínimamente serio y evitar que haya dos mentes pensantes juntas produciendo ideas y expresándolas abiertamente. Siempre surgía esa molesta voz que nos mandaba callar, que nos pedía frivolidad y temas vanales y aunque estuviese rodeado de voces estúpidas como ella y nosotros no la obligábamos a entrar en la conversación, con lo que ella podía abrir otro tema con cualquier otra, parecía que le molestara especialmente el nuestro.

Al final acabé siendo "el pesado", la persona de la que hay que prevenir a la gente porque "cuando empieza a hablar no para". Y me cansé. Me cansé de escuchar la voz de los imbéciles pidiéndome que les dejase seguir siendo imbéciles y permití que mi cabeza comenzase el proceso de inactividad común a nuestra era que ya nisiquiera los políticos se molestan en promover porque su ejército de ciudadanos lobotomizados por la sociedad de masas, esa sociedad de borregos, se encarga se guardar.

Dejé de hablar de política, al menos abiertamente, pero me negué ser uno más y dejar abierta mi cabeza frente al televisor para que las ondas dejasen mi cerebro como un queso gruyère. Dejé de hablar de política y comencé a hablar de mi segundo tema serio de conversación favorito: Yo mismo.

Al abrir este tema de conversación abrí también la puerta de mi subconsciente, una laguna negra y densa, llena de niebla donde cualquiera que es tan estúpidamente valiente de entrar acaba ahogado en una especie de chapapote emocional que lo invade todo.

Cuando el número de pérdidas dentro de mi chapapote fue considerablemente doloroso tuve que decidir dejar de hablar de mí mismo y cerrar esa puerta y como seguía sin estar dispuesto a dejarme llevar por la frivolidad comencé a escuchar. Decidí, ya que no me dejan hablar de lo que realmente me interesa, poner en práctica dos máximas aprendidas de mi padre (y con ellas un estudio social de la tipología humana):

1. Si no tienes nada interesante que decir, no digas nada.
(careciendo de temas interesantes, los comentarios interesantes son más que inexistentes)

2. Si quieres hacer hablar a una persona simplemente quédate callado (y que la gente se deje llevar por el miedo al silencio).


Después del sábado miro con nostalgia aquellos días en los que las conversaciones interminables sentados en el banco de mi barrio con una bolsa de pipas eran mi pequeño placer del día, y espero con una ilusión ingenua que alguien consiga sacar de nuevo al niño charlatán y sin amigos que hay en mi interior que tuve que encerrar como medida de adaptación al medio.

Quizás todo esto tenga que ver con todo lo demás.

viernes, 16 de julio de 2010

"Yo seré tu euforia y tu incondicional"

La primera vez que le ví me acerqué muy lentamente con miedo a que un movimiento demasiado brusco le hiciera desaparecer.

La primera vez que le toqué calculé cada milímetro que nos separaba y le acaricié el brazo con la punta de mi piel erizada por la emoción de tenerle cerca.

La primera vez que le hablé quise hacer de mi pecho un hogar para que durmiera a salvo de cualquier peligro y mi cabeza se llenó de palabras

La primera vez que dormí con él borró mis inseguridades con una caricia furtiva y alejó los fantasmas que volaban alrededor de mi cabeza.

La primera vez que le besé su lengua deshizo lentamente el nudo de mi garganta y la parvada de mariposas que tenía guardada en una esquinita de mi ser se sintió libre por fin y empezó a revolotear como loca y no ha parado desde entonces.

La primera vez que se lo dije supe que era la única verdad que conocía con rotundidad.

La primera vez no fue la única y se repite cada día que le veo, le toco, le hablo, le beso...

martes, 6 de julio de 2010

Cóncavo y Convexo

Poso mi mirada cóncava sobre el espejo convexo de mi habitación y el reflejo que hoy me devuelve no se corresponde con mi autoconciencia ya de por si deformada.
Vivo en un laberinto de espejos que cada noche muda sus paredes para mostrarme al amenecer una versión distinta de mí mismo creándome una esquizofrenía aspectual que complementa mi bipolaridad conceptual.
No sé si es la concavidad de mi mirada o lo convexo de mi espejo pero cada vez me cuesta más respoder a la pregunta de "¿Quién soy?" y ello me lleva a otro tipo de cuestiones:

¿Hasta qué punto llega la deformación de mi conciencia?...

...¿y si mi espejo no fuese realmente cóncavo?...

...y él...
...¿tiene a mirada convexa?

miércoles, 23 de junio de 2010

"Sabremos cada vez menos qué es un ser humano"

" Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas su pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y noctirnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, caída mortal, suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada. (...) La reina madre no mejoró ni empeoró, se quedó como suspendida, balanceándose el frágil cuerpo en el borde de la vida, amenazando a cada instante con caer hacia el otro lado, pero atada a éste por un tenue hilo que la muerte, sólo podía ser ella no se sabe por qué extraño capricho, seguía sosteniendo."

"Las intermitencias de la muerte" José Saramago



Hace días, desde que escuché la noticia de su muerte, que quiero escribir una entrada hablando de José Saramago. Creo que la suya ha sido una de las primeras muertes célebres que realmente me han sobrecogido y entristecido, y además me cogió de sorpresa, no sé por qué porque el pobre hombre ya era muy mayor, pero uno nunca se espera que las grandes mentes de nuestra era se vayan a apagar algún día.
Llevo días pensando en qué escribir, cómo rendirle un merecido y humilde homenaje, cómo expresar con palabras la admiración que siento por el enorme escritor que considero que era, y no he conseguido ninguna idea. Podría hacer un intento pseudointelectualoide de analizar su vida y obra, podría intentar hablar de la profundidad de sus ensayos literarios, de los increibles ejercicios de análisis e hipótesis sociales que realizaba con sus planteamientos "que pasaría si..." la muerte dejase de matar, si toda la humanidad sufriese una ceguera blanca, si a todos los votantes de un país le invadiese una repentina lucidez y votasen todos en blanco, si se encontrasen dos personas exactamente iguales..., podría hablar de la facilidad de su escritura y la importancia de su contenido, de mil y un elementos que han hecho de él uno de los GRANDES, pero no sería honesto porque entre mis "inmureables" cualidades no se encuentran la pedantería (eso espero) y la intelectualidad crítica analítica literaria necesaria para que dicho análisis mereciese la pena ser leído y tampoco quiero convertir este espacio en un blog de críticas dándome una importancia que no tengo.

Debido a todo ello he pensado rendir mi humilde homenaje con las palabras que otros sí han sabido expresar:

"Hay novelas que después de ser leídas, continuarán iluminando túneles en la conciencia, abriendo puertas de habitaciones a las que no nos habíamos asomado pese a estar dentro de nosotros"

Y haciendo alusión al título diré que después de su muerte sí que "sabremos cada vez menos qué es un ser humano"

jueves, 17 de junio de 2010

Esto no es una crítica literaria



"¿nunca habéis pensado que el LSD y la televisión en color llegaron para nuestro consumo más o menos al mismo tiempo? nos llega toda esta pulsación exporativa de color y ¿qué hacemos? prohibimos una cosa y jodemos la otra. la televisión, desde luego, es inútil en las manos actuales; creo que no hay mucho que discutir al respecto. y leí que en un registro reciente se declaraba que un agente había recibido una rociada de ácido en la cara, arrojada por un supuesto fabricante de droga alucinógena. esto es también un derroche. hay ciertas razones esenciales para prohibir el LSD, el DMT, el STP. puede hacer que un hombre pierda permanentemente el juicio. claro que lo mismo podría aplicarse a la recolección de remolacha, o al trabajo en cadena o a enseñar primer curso de inglés en una de las universidades locales. si prohibiésemos todo lo que vuelve loco a los hombres, toda la estructura social se derrumbaría. (...) no es el LSD la causa de un mal viaje: fue tu madre, tu presidente, la chiquita de la puerta de al lado, el heladero de las manos sucias, un curso de álgebra o de español obligatorios, fue el hedor de una cagada de 1926, fue un hombre de nariz demasiado larga cuando te dijeron que las narices largas eran feas; fue un laxante, fue la brigada de Abraham Lincoln fueron los caramelos y las galletas, fue el trabajar diez años en una fábrica y que te echaran por llegar un día cinco minutos tarde, fue aquel viejo idiota que te enseñó historia en sexto curso, fue aquel perro tuyo atropellado y el que nadie supiera trazarte el mapa luego, fue una lista de treinta páginas de largo y seis kilómetros de anchura. ¿un mal viaje? todo este país, todo este mundo, es un mal viaje, amigo. pero te meterán en la cárcel por tomarte una píldora."

La máquina de follar. Charles Bukowski




Hace ya más cinco años que me propuse dejar las novelas históricas y best seller y empezar con esos autores que todos tenemos que leer antes de morir, los clásicos (y con clásico no me refiero a su movimiento literario) de toda la vida que tienen un talento y una fama indiscutible y que según parece el simple hecho de tener un libro suyo entre las manos nos enriquece el alma. Kafka, Proust, Hemingway, Victor Hugo, Camus, Cocteau, Baudelaire, Sade... y la verdad es que hay muchos que no han cumplido con las espectativas creadas. Hay algunos que me han dejado simplemente indiferente, otros, la verdad es que pocos, han levantado en mi una pasión que no me permitía separar la vista del libro, Proust por ejemplo, y otros, los más importantes y ahora explicaré el por qué, han conseguido que los odie tanto que hasta me he planteado hacer una fogatita curiosa con el libro, a riesgo de provocar tener algo en común con el ejécito nazi. Uno de estos últimos, y ahora que lo pienso creo que el único, ha sido mi querido Fiodor Dostoievski. Con su "Hermanos Karamasov" y tanta hiperbolización sintáctica ha conseguido que no sólo lo odie a él y a toda su obra sino que extienda irracionalmente ese odio a toda la literatura rusa. Como a Lorca, no le quito el mérito (hacer una obra TAN pesada y TAN insoportable tiene que ser muy difícil), lo he estudiado en clase, de hecho ésa fue la razón por la que lo leí, no estaba en mi lista someterme a semejante tortura por voluntad propia, sé que es uno de los escritores más influyentes de la historia, que es el precursor del existencialismo, que ha influido a un inumerable grupo de escritores a mi querido Proust por ejemplo, que revolucionó el discurso de los personajes bla bla bla, sé todo eso y no lo niego ni nunca lo negaré pero simplemente
¡NO LO AGUANTO!
Aún así considero este autor el más importante de los que he leído en esta etapa porque considero que aprendes más de aquello que detestas que de aquello que te apasiona porque aquello que odias produce que aquello que amas lo ames con más profundidad y con conciencia del porqué lo amas.
Por ejemplo mi odio hacia Fiodor ha hecho que aprecie mucho más al último autor que ha removido algo dentro de mí, Charles Bukowski.
Empecé a leer a Charles (mi colega Charles el cual me fué presentado por mi querida Cherry) para hacerme el interesante, porque siempre queda muy bien y muy cultureta decir: "pues yo me estoy leyendo un libro de relatos de Charles Bukowski" mientras sostienes tu copa de vino blanco apoyado en un piano de cola. La primera impresión no fue muy buena pero una vez entré en su mundo de cervezas, putas, polvos, ostias y carreras de caballos me dejé llevar por la sencillez de su forma y su contenido.
Bukowski era un puto alcóholico que hablaba de su vida, de sus borracheras, sus novias, sus apuestas, incluso de su experiencia con la muerte tras una úlcera sangrante. Era un escritor sin estudios, dos años únicamente de arte, periodismo y literatura, que con 49 años cobraba 100 euros mensuales por la publicación de sus relatos y poemas y que prefirió morir de hambre mientras jugaba a ser escritor antes que permanecer en la oficina de correos donde había trabajado durante una década y volverse loco.
Bukowski era un borracho empedernido y un don nadie y sin embargo se ganó la admiración de muchas personas, entre las que me incluyo, gracias a su literatura. Él escribía sin adornos, decía lo que quería decir directamente, sin parafernalias ni pretensiones.
Bukoswki quizás no esté dentro de esa lista de autores más influyentes de la historia, quizás no haya sido el precursor de nada ni haya revolucionado la literatura mundial, pero ha conseguido hacerme pensar, me ha mostrado una literatura nueva y me ha demostrado que no hace falta TANTO para ser un gran escritor y escribir una gran novela. Que con lo mínimo se puede remover un alma y que el ARTE es algo que no se enseña en ninguna academia, ni se aprende en ningún manual (a diferencia del pensamiento erróneo que existe en este puto pais de, "bah! eso lo puede hacer cualquiera". Venga.Pues hazlo.)

El ARTE está, vive dentro de tí, te alimenta y te exige expresión. Ya sea a los 20 o a los 49 años, siempre consigue salir porque las personas a tu alrededor lo necesitan.

Porque el ARTE es lo que hace que el mundo evolucione.


martes, 15 de junio de 2010

"Tanto ruido que al final por fin el fin"

Cada día que paso en esta casa estoy más convencido de que el ruido del mundo nace entre estas cuatro paredes. El silencio, aunque en su definición precisa no exista porque aun en el vacío universal se escucha la música de los cuerpos celestes, en este hogar es un regalo que muy poca veces puedo disfrutar.
Me imagino este espacio como una pequeña fábrica donde se generan todos los ruidos que se escuchan en el día a día. Nacen aquí y salen volando por la ventana en busca de su dueño.
Yo intento cerrar mis puertas y acurrucarme en una esquinita de mi interior en busca de esa tranquilidad que se me niega fuera pero son tan fuertes esos sonidos que son capaces de romper todas las barreras.
Y aunque mis oidos esté cerrados entran por mi boca, por mis ojos, por cada poro de mi piel, alteran mi calma, silencian mis ideas y me cogen, me levantan, me dan vueltas, me lanzan, me tiran, me traen, me remueven el pelo, me agitan la cabeza, me pellizcan el culo, me pinchan los brazos, me tocan la boca y eso es algo que no soporto y me cabreo y empiezo a gritar y grito y grito con fuerza e intento superar los ruidos que me estorban y andan jodiendome y acabamos en una guerra de volumenes y sigo gritando y sigo sin escuchar mis pensamientos pero al menos yo decido cual es el sonido que me lo impide, yo lo controlo y grito, grito con fuerza, con todas mis fuerzas y grito y mi cabeza empieza a ponerse roja y noto la sangre agolpada en mis sienes y mi cuello tenso y la vena tan hinchada que podrías agarrarla entre el índice y el pulgar y grito, grito y grito hasta que mi madre abre la puerta de mi habitación y me dice:

"Raúl por favor no hagas tanto ruido"


Y a mí me entran ganas de matarla.